La historia
Río Arriba había nacido en mi mente hace varios años. Conocí a un grupo de cuatro amigos en Bogotá con quienes soñábamos construir “algo” que sirviera como “sostenedor” de proyectos comunitarios que resolvieran necesidades reales. Nos preocupaban las temporadas de sequía cada vez más extensas, la falta de acceso a agua potable de algunas poblaciones rurales del país y a la vez, su desperdicio cada vez más frecuente en las poblaciones urbanas. Nuestros esfuerzos en ése momento estuvieron enfocados, entonces, en iniciativas dirigidas a la conservación, protección y uso eficiente del agua en las zonas rurales.
Por vueltas de la vida nos separamos no logramos materializar ese “sostenedor” con el que soñamos. En mi cabeza siguió existiendo Río Arriba. Aunque intenté renunciar a él en repetidas ocasiones y buscar en otras direcciones el anhelado "exito personal", los caminos que encontraba me dejaban con un sinsabor de insatisfacción. Después de cuatro años, de caídas, de aciertos; después de incubar la idea, de descartarla, de de rescatarla y transformarla; después de dar vueltas y de no tener idea sobre cual camino tomar, decidí parar. Me refugié en el campo, sin más esperanzas que aterrizar…
En el campo sentí el amanecer que los gallos festejan, me levanté temprano, me puse sombrero y botas, alimenté gallinas y vacas, vi cómo crece el maíz, el tomate y la alverja, vi el agua en el verde de la lechuga y en el naranja de la zanahoria, en el sudor del campesino y en mi propio sudor … y aquí la conclusión… No hay otra forma de aterrizar distinta a tocar tierra….
Río Arriba volvió a nacer, con fuerza, con ganas y con una perspectiva más amplia de lo que “cuidar el agua” significa. Río Arriba ahora incluye el suelo, el bosque, la comida y la gente. Representa todo lo que nos sostiene, incluye a los que queremos transformar la realidad en la que vivimos en una más amable; en la que una distribución más equitativa de los recursos es posible, en la que alimentarnos no es un sinónimo de envenenarnos. Incluye a todos los que queremos conservar el bosque porque aprendimos a admirar su belleza y su generosidad, porque comprendimos que sin él no hay agua, no hay vida.
Esta vez fuiimos más de cuatro. De las vueltas y del andar quedaron los amigos. Amigos en la ciudad y en el campo creyendo, confiando, aportando energía, palabras, fuerza y dinero para que Río Arriba se constituyera y se siga fortaleciendo. El camino apenas comienza. Seguro habrá caídas y confusiones, habrá victorias y alegrías, pero ésta vez somos todos un mismo río, transformándose y confluyendo en una misma desembocadura… la protección del campo.
-AnaC-




